En moda online, una parte importante de los pedidos vuelve. Dentro de España o de la UE, una devolución es un problema logístico: recoger el paquete, revisarlo y volver a ponerlo a la venta. Cuando el pedido ha cruzado una frontera aduanera, la devolución es también un problema fiscal.

Cada devolución internacional arrastra aranceles e impuestos. Foto: StockSnap (CC0).
Cada pedido enviado a Estados Unidos, Reino Unido, Suiza o Canarias pagó aranceles e impuestos al entrar. Cuando el cliente lo devuelve, esos importes no se recuperan solos. Y cuando el paquete vuelve a España, puede volver a pagarlos si no se declara correctamente.
Con tasas de devolución que en algunos mercados superan el 40 % (lo vemos, con datos por país, en devoluciones en moda online: dónde más cuestan), el resultado es que muchas marcas pagan dos veces por la misma prenda y no lo saben, porque el coste les llega mezclado en las facturas de sus couriers y operadores de devoluciones, como suplidos.
Este artículo forma parte de nuestra serie sobre e-commerce internacional. Si vendes en EE. UU., te recomendamos empezar por cómo vender e-commerce en EE. UU. sin perder margen.
Dónde se pierde el dinero en una devolución internacional
Una devolución cross-border tiene tres momentos en los que se pagan, o se deberían recuperar, aranceles e impuestos:
| Momento | Qué se paga | Qué se puede recuperar |
|---|---|---|
| 1. Envío al cliente | Aranceles e impuestos del país de destino (en DDP, los asume la marca) | Si el pedido se devuelve, una parte o la totalidad en destino |
| 2. Rechazo o entrega fallida | Los mismos aranceles, a veces sin que el cliente llegue a recibir el paquete | Normalmente, la totalidad |
| 3. Reentrada en España | Aranceles e IVA a la importación, si no se declara como mercancía de retorno | Todo lo pagado indebidamente, en los plazos legales |
En los tres casos hay dinero recuperable. En la práctica, casi nadie lo reclama.
Recuperar en destino lo que se pagó al enviar
Cuando una marca envía en DDP, paga los aranceles e impuestos del país del cliente. Si el cliente devuelve el pedido y la mercancía sale de ese país, en muchos casos se pueden recuperar.
Estados Unidos. El drawback permite recuperar hasta el 99 % de los derechos pagados por mercancía que se reexporta sin usar, como una devolución de un cliente, siempre que se reclame dentro de los cinco años siguientes a la importación y se pueda vincular cada devolución con su declaración original. Solo puede reclamarlo el importador o quien este autorice. Lo explicamos en nuestra guía del Importer of Record en EE. UU..
Reino Unido y Suiza. Ambos permiten recuperar derechos e IVA de importación de mercancía devuelta o rechazada que se reexporta, con procedimientos y plazos propios. En Reino Unido, además, el IVA de importación recuperable depende de quién figure como importador.
Canarias. Los envíos desde la península pagan IGIC a la importación y, según el producto, AIEM. Si el cliente canario devuelve el pedido, el tratamiento de esos impuestos depende de cómo se declaró la salida y el retorno.
En todos los casos, el requisito práctico es el mismo: poder vincular cada devolución con su importación. Sin número de declaración, fecha y valor de cada envío, no hay reclamación posible.
Rechazos y entregas fallidas
Un paquete que el cliente rechaza, o que no se entrega y vuelve a origen, es el caso más claro de dinero perdido. La mercancía ha entrado y ha salido del país sin que nadie la haya usado.
Según el país y el momento en que se rechaza, puede que no se deban derechos, porque el paquete se reexporta antes del despacho, o que se puedan recuperar íntegramente. Aun así, es habitual que el courier facture igualmente los aranceles del envío original, más una tasa de gestión y el transporte de vuelta.
Con el fin del de minimis en EE. UU. y los envíos DAP, en los que el cliente tiene que pagar aranceles en la entrega, los rechazos han aumentado. Cada uno es un importe potencialmente recuperable.
Al volver a España: mercancías de retorno
Cuando la prenda devuelta llega de nuevo a España desde fuera del territorio aduanero o fiscal de la UE, es, legalmente, una importación. Si no se declara bien, paga aranceles e IVA como si fuera mercancía nueva.
El Código Aduanero de la Unión prevé la exención por mercancías de retorno (artículo 203): la mercancía que salió de la UE y vuelve en el mismo estado en un plazo de tres años se reimporta sin aranceles. El IVA a la importación también puede quedar exento cuando reimporta quien la exportó.
Para aplicarla, la declaración de importación debe hacerse con el código de procedimiento 61 y el procedimiento adicional F01, y acreditar que la mercancía salió de la UE: la declaración de exportación o su número MRN, o la documentación del courier que la sustituya.
Aquí está el error más frecuente de todo el proceso: el operador de devoluciones o el courier despacha el retorno como una importación ordinaria. La marca paga aranceles sobre una prenda que ya había pagado aranceles al importarse desde fábrica, e IVA que puede no poder deducir si la declaración no está a su nombre.
El problema de los suplidos
En la mayoría de marcas, la marca no paga directamente a la aduana. Lo hace el courier, el transitario o la empresa de devoluciones, que después se lo factura a la marca como suplido: un importe pagado por cuenta del cliente, que se repercute sin margen y sin IVA.
El mecanismo es correcto, pero tiene un efecto perverso: los errores del operador se convierten en coste de la marca. Si el courier declara mal un retorno, paga los aranceles que no tocaban y los repercute como suplido. Si no reclama un drawback o una devolución en destino, ese saldo se pierde, y la marca ni siquiera sabe que existía.
Los errores que más vemos son estos:
- Retornos despachados como importación ordinaria, sin aplicar la exención de mercancías de retorno. La marca paga aranceles e IVA dos veces por la misma prenda.
- Aranceles de destino que nunca se reclaman. El operador no tiene incentivo para tramitar el drawback o la devolución en destino: es trabajo adicional y el importe no es suyo.
- Rechazos facturados como entregas. Aranceles de envíos que nunca se entregaron repercutidos como si el cliente hubiera recibido el pedido.
- Valores mal declarados en el retorno. Se declara el precio de venta al público en lugar del valor real de la mercancía devuelta, o se aplica un origen o un código arancelario distinto al de la importación original.
- Declaraciones a nombre del operador. Si el importador que figura en la declaración es el courier o la empresa de devoluciones, la marca no puede deducir el IVA a la importación que se le repercute.
- Saldos y devoluciones que no llegan a la marca. Cuando la aduana devuelve importes pagados de más, lo hace al importador o a su representante. Si el operador los recibe y no los regulariza, la marca no se entera.
- Facturas agregadas imposibles de conciliar. Suplidos globales por semana o por mes, sin detalle por paquete ni número de declaración, que impiden comprobar si cada importe es correcto.
No se trata, en general, de mala fe. El modelo de negocio del courier y del operador de devoluciones está pensado para mover paquetes rápido, no para optimizar aranceles. Nadie revisa lo que funciona, y los suplidos se pagan porque parecen un coste inevitable.
Cuánto dinero puede haber en juego
Un ejemplo ilustrativo de una marca de moda que vende fuera de la UE:
Las cifras varían mucho según el destino, el origen del producto y la tasa de devolución, pero el orden de magnitud es habitual: un coste que nadie tiene identificado como tal.
Cómo recuperar lo pagado de más
Revisar el histórico
En la UE, los aranceles pagados indebidamente se pueden reclamar durante tres años desde que se notificó la deuda aduanera, por vía de rectificación o devolución. Lo explicamos en rectificación, devolución y condonación de aranceles. En EE. UU., el drawback admite reclamaciones de hasta cinco años desde la importación.
Eso significa que hay dinero recuperable de devoluciones ya hechas. El punto de partida es reunir tres fuentes:
- Las facturas de suplidos de couriers y operadores de devoluciones.
- Las declaraciones aduaneras de cada envío y cada retorno (número de declaración o MRN, fecha, valor y procedimiento aplicado).
- Los datos de pedidos y devoluciones de la tienda online.
Cruzarlas permite identificar retornos sin exención, aranceles de destino no reclamados y suplidos sin declaración que los respalde. Es el mismo enfoque que aplicamos en una auditoría de declaraciones aduaneras.
Cambiar el proceso para que no vuelva a pasar
- Exigir el detalle por paquete en las facturas de suplidos: número de declaración, importe y concepto.
- Pedir que los retornos se declaren como mercancía de retorno (procedimiento 61, F01), aportando la prueba de exportación de cada envío.
- Figurar como importador en las declaraciones, o asegurarse de que la marca puede deducir el IVA que se le repercute.
- Conservar la trazabilidad entre pedido, envío, declaración de exportación, devolución y declaración de retorno.
- Definir quién reclama el drawback y las devoluciones en destino, y con qué periodicidad.
Y antes de importar: pensar en el stock que sale de la UE
Si una parte relevante del stock importado desde fábrica se vende fuera de la UE, pagar aranceles europeos al importarlo es pagar por una mercancía que no se va a consumir en Europa. Regímenes como el depósito aduanero permiten importar sin pagar derechos hasta que se decide el destino de cada unidad. No encaja en todas las operativas, pero en marcas con mucha venta internacional merece la pena evaluarlo.
Conclusión
Las devoluciones internacionales son, para la mayoría de marcas, un coste logístico. Pero detrás de cada una hay aranceles e impuestos que se pagaron al enviar, que se pueden recuperar en destino y que no deberían volver a pagarse al volver.
Cuando esos importes pasan por couriers y operadores de devoluciones y llegan como suplidos, los errores se vuelven invisibles. La marca paga sin saber que podría recuperar.
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